Las naranjas, las líneas

martes, 17 de julio de 2012


Se llama Aristófanes. Como su inspirador, es un fiel adepto de la idea de una naranja partida en dos. Me quedé rota, pero no partida. Se quedó roto, pero ha encontrado el resto de sus gajos.
El problema aquí era entonces filosófico: yo creo en los caminos paralelos, él cree en la fusión trascendental trazada desde el origen de los tiempos. Se llama Aristófanes, lo digo en serio. De lo que no estoy segura es de que relacione su nombre con el asunto ese de la búsqueda del hemicítrico perdido. Dicen que nombre es destino.
Si acaso su pregunta es por mi estado de lucidez, les diré: soy firme entusiasta de los caminos paralelos pero no lo descubrí hasta que lo encontré a él, a mi reflejo en fractálicos gajos. Se llama Aristófanes. Tiene una esplendente cabellera y un doble famoso. También posee un pertinaz sentido del humor, afable, agudo: como un espadín de terciopelo. Su humor es metáfora de su númen. Espadín de terciopelo, brillante como un pequeño tomín Se llama Aristófanes y a pesar de haberse encontrado con sus gajos complementarios, parece ser que estos eran otros, importados... qué curioso: de una región naranjera.
Yo, que fui esos gajos, no los soy. Y no los soy porque descubrí que soy entusiasta de los caminos paralelos. Es feliz. Eso es reconfortante. Yo... bueno, las líneas paralelas no se cruzan jamás... son cosas de la necia geometría.

Caminar

sábado, 7 de julio de 2012


Hoy he perdido el respeto
Tal vez esté escondido detrás del muro
Sobre el que ellos pegan carteles
O quizás debajo de todos esos anuncios
Que ellos me hicieron ver cada día
Pero no sólo he perdido el respeto
También se me ha ido el rencor
Entre los labios de ella que me sonríe
Por los ojos brillantes del que camina
Sosteniendo en arco perfecto
La pesadumbre de una consigna.
Hoy he caminado tanto
Con el ojo semidesnudo, como ayer
Cuando era yo quien gritaba con arrojo
Cuando eran mis manos que construían
Los sueños que a otros me han unido
que,  con huellas de sol me han hendido
A caminar, como ellos
Hoy ya no tengo respeto
Por lo que ayer sentía temor
Por el mounstro del ardor
Que tal vez nunca llegó
Pero también se me ha ido el rencor
Entre los pasos del otro que me da sol
Entre el don  de las paredes cuando hablan
Cuando me repelen a la alborada
De un tiempo mejor

Sin título

sábado, 26 de mayo de 2012

Podrás querer eternizar este olor a rancio que diluye mi ansiedad de ti Y decir entre parpadeos todo lo que en verbo no puedes pronunciarte tener asco de ti, obviar el martirio de tu espera, arremeter y olvidar todo Podrás querer entronizar la cordura del dolor que nunca aguarda la paz y herirnos en tres tiempos todos los días que no estés cansado de morir linchar la palabra izada sobre los escombros que deja la guerra extinta Podrás no querer tirar más sales sobre una mar pletórica de desahogos pronunciar el olvido como rezo en las catacumbas donde yace el decoro olvidar olvidarnos reviviendo en cada escena el desenlace de los llantos Podríamos no querernos y amarrar nuestras pupilas al puerto del hastío asediar el placer insano de atragantarnos con tantas angustias mutuas proseguir con la huida por las deformes calles que nos llevaron al templo En cambio quisiera terciar con la develación de los ardores tan arraigados que como mulas de carga hemos llevado en la soledad de nuestros brazos sentenciarlos a ser estridentes jugos azules de magueyes claros en las venas que en dos tiradas de sol se evaporen como perfumes finos dejando nada. Podrías insistir en enviar la puesta de sol a un hemisferio de hurañas platas pero este arco de luna que sobre las perdidas cuentas de amor se impone No espera para guarecerse risueña en el destello de la ruidosa hecatombe.

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                                                                                                             Del diario de Emma

Matar la cabeza con números

Estudio rosados trazos de vagabundo con números consecutivos mientras agoniza el humo del cigarro, aquél con el que mato el entumecimiento de los labios a falta de tu terciopelo dorado. Te conozco bien, sé cómo te ufanas de tu encierro, hay tanto de ti en mi misma. Vuelvo al cuatro b ochocientos dos, guión A. La colita del cuatro se mueve y no me permite pasar del cero, tan vacío él, tan redondo, me multiplico por ti y da lo mismo, sólo tú, tú y tu soledad, tú y tu egoísmo, tú y tu vacío. Sé bien que soy el aderezo de tu naufragio, que secretamente me exiges todo el cariño que te estoy guardando en una hoja de cálculo. Todos los besos que no te di en marzo, me los restriegas en la cara, en cada ocasión, cada que te presentas sin darme algo, eres un par de bits. Mis cuentas no están limpias, hay tantos borrones digitales como plumas en mi escritorio, pero el episodio del náufrago es, sin duda, el único que me da vergüenza borrar de mi bitácora. Es el único que me confiere humanidad de entrada, esa cualidad intrincada de echar a perder todo haciendo bien mis matemáticas. No pude tirarme de cabeza, pero debes admitir que tú tampoco. No puedo ser un bufón, la sinceridad no me da para ello y menos las cuentas. Hay un espacio donde no cabe la incertidumbre y en él hago mi casa, pongo mi armario, lleno de seriales, de marcas, de ataduras. Yo calculé, tú reíste. Yo soy un robot, tú un árbol seco. Y ahora que te pienso en los intervalos que no estoy en piloto automático, me siento tan extrañamente perdida entre tantas ilógicas, entre tantos menesteres que no habré de cumplir para servirte en tu encierro, entre tantas preguntas que no puedo formular en unos y ceros. Tendré que verte, justo después de terminar mi ingeniería, con un signo de interrogación en la cara. Tocarte aunque sólo nos generemos inconstancia y vida, espera y vacío. Tengo que pesarte. Pero si de algo te sirve mi ingenio, te diré que no puedo pensar en ti y el cero. Genera error de ejecución, no puedo ser nada y dar todo. Necesito integrarte con la cabeza, para no matar el corazón con números aleatorios.
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                                                                                  Texto de Emma

Homenaje a una torre de fuego

jueves, 24 de mayo de 2012


En un anfiteatro, como siempre, los rostros que se alzan en todos los asuntos de interés mundial; el atropello a la dignidad humana, la pobreza, la ecología, la administración pública, el sindicalismo, cientos y cientos de querellas internas y externas, nacionales y extranjeras. Son los que no se cansan, la semilla de todo. Y ahí estan, y ahí seguirán. Pero más revitalizante es, cuando aquellos que no vemos caminando en la calle, se desnudan de la nata que dificulta la visión, la visión de aquellos que desde su anacrónico juicio los pinta callados y blasfemos contra todo lo solemne y lo digno, lo noble y lo productivo.
¿Qué sabe uno, pues, de la evolución desde la óptica en el mismo punto de siempre? La juventud se mueve en su revolución biológica, mental, trascendental como es para el avance de la vida. Y la juventud no calla, hace todo menos callarse. Si andan con las nalgas de fuera, habrá quien les llame impúdicos, si pintan con sus jergas callejeras, habrá quien le pinte encima con la brocha blanquecina y, como es de esperarse, si no gritan al tiempo que todos lo esperan, se les reprochará de impávidos o peor, desinteresados. Al final, no se podrían llamar jóvenes si hicieran lo que todos esperan de ellos. Por eso es tan poética su aparición en cualquier escenario; improvisada, revoltosa, diferente, inesperada.
En el anfiteatro, donde ahora se debaten durante largas horas los temas duros de interés nacional, se “sabe” que ellos no moverán ni un dedo, que dejarán correr los ríso de sangre, que mancharán las mentes de basura televisiva, que callarán… Pero ¡bendita estridencia que hace estallar hasta esas butacas! Quien se ocupe en definir lo que sucede, está perdiendo el tiempo.
Hace más de medio año escribí largos tratados sobre la condición del NiNi, ese aislamiento del todo, esa escisión del movimiento humano “civilizado”. Hoy es tema de campaña electoral, porque si hay algo que sí sabemos todos sobre los jóvenes, es que su anuencia es un tesoro codiciado, en tanto impulsivo y escandaloso. Caemos, como moscas, rendidos a tratar de entender lo que nace de ningún lado con ningún objetivo más que el de cambiar y a admirar cómo, la actividad no planeada, resultó la más efectiva. Pero nos estamos engañando, el grito de cambio es su grito de todos los días, el que no escuchamos porque sólo podemos aprobar lo que entendemos. Ayer su adicción a la red representaba deseperanza para los repartidores de panfletos de antaño. Ayer su ingenio ejercitado en sinnúmero de estrenduosidades era signo de la decadencia de los tiempos. Hoy, su condición, que no ha cambiado en unos días, es la bandera de todas las campañas, no sólo las electorales, sino también las intestinas, como todo observador que intenta apropiarse de la belleza, internalizándola, fundiéndola en lo que nos ocupa, en lo que deseamos. Sólo cabe dejar ser, ceder todo reflector, dejar de solemnizar, de amenizar, de juzgar, de patriotizar. Acá nosotros sosteniendo el mundo, allá ellos armonizándolo con bestiales gritos de amor, con los ritmos cardiacos que no cesan de perturbarse con el mínimo desequilibrio de las sombras, con el arrojo del brote que se hace saltar a la vida sin esperar el rayo del sol, con las infinitas contradicciones que dan lugar al crecimiento, que nos obligan a subir al siguiente escaño a regañadientes. Que así sea

Nadie les ha enseñado a hacer lo que estan haciendo; nadie le enseña al árbol la forma de dar sus hojas y sus frutos.” Julio Cortazar, Homenaje a una torre de fuego


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                                                                                      Publicación de Emma

Sortilegio

jueves, 14 de julio de 2011

Cáiganle todas las deudas pendientes, maleficios reservados para este tiempo en que puede significar la vida otra más de sus tropelías.


Arrédrense, demonios de la envidia humana de embestir a quienes avanzan y cortar las líneas que entrelazan al uno con los otros en una sociedad en la que un falseo puede significar el aislamiento total.


A picar el corazón de Quetzalcóatl con el mejor de los argumentos para su causa, hoy casi por entero fallida ante la oleada de rojos juveniles que no son rubores.


Oríllate, fuerza del no hacer, del no hablar, del no ser para que tus hijos no estorben la plenitud de la voluntad inquisidora, creativa, cognoscitiva.


Que la nada nos deje, nos avise de su existencia únicamente por la renuencia de los dañinos a actuar contra su especie, contra los otros, de quienes no pueden obtener el alma a base de amasar los rencores perpetuos.


Disuélvanse, concentraciones de éteres anímicos que sólo sirven para romper voluntades, deseos, felicidades, que contienen los desplazamientos.


Reúnanse entonces las entidades poseedoras de las partes de la naturaleza humana cuya falla confluyente nos retiene en el miedo, la ansiedad y el conflicto. A concentrar la fuerza de lo que florea y crece, de lo que avanza y no cede, de lo que apremia y triunfa.

Paciencia

viernes, 8 de julio de 2011

Una hormiga arrastrándose por tu boca harta de ganas de volcarse a opinar sobre cada tonalidad de cada tema de cada situación en cada día del año.


No temer siquiera por tus reacciones ante mi explosividad, sino aterrarme porque nunca se sabe cuando estoy contigo, si estoy monologando o no.


Andar y andar, como si no se nos fuera la vida caminando de una cuadra a otra siempre en círculos, siempre perdidos y en la acera equivocada.


Recibir diario lecciones que ya no requiero aprender en lenguaje mal utilizado con terminologías que no existen sobre temas que ya conozco y me aturden.


Girar y girar sobre un eje inclinado con la esperanza de que un día estaremos derechos, mirando el horizonte desde la mejor perspectiva posible.


Una caminata, una lágrima, una palabra, cuando cada una de ellas han desgastado a punta de sobreuso su significado, nunca una certeza.


Un sol que alumbra en el mismo ángulo todo el día hacia la misma piel que cubre un cuerpo en la misma posición, un sol que no calienta, sino quema.


Gatear y arrastrarse sabiendo que no habrá medios para correr ni meta hacia la que se quiera llegar por este camino plano y soso.


Un reloj que cada día me hace lucir más cansada y a ti no te cambia una sola facción, una sola opinión, una sola idea, alguna manera de percibir.


Tener lo que se necesita y no lo que se quiere veladamente, lo que sólo se pronuncia en la parte de atrás de un sueño fugaz de acetileno.


Ahorrar voluntad, querellas, satisfacciones, explosiones, fiestas, cosas compartidas, compradas, alquiladas, subarrendadas, endemoniadas, toda la sazón de la vida.


¿Alguien me puede pasar la sal?

Lo que no ocupa

martes, 21 de junio de 2011

Está de más decir que tu planeta es sagrado

muestra eres de la ternura de sus terrenos

y en cómo me miras, se vislumbra civilizado

Allá has de repoblar de aguas mis desiertos


Está de más hacer notar que vivo encantada

con tu cuerpo de arpa sonora que me vibra

entre la llama naranja de una nueva cordura

en donde aprendo la concordia de la alegría


Está de más declamar palabras duras de amor

no pueden ser más duraderas o menos exactas

que el devenir de mis ternuras en la habitación

o el trinar de nuestras bocas en los días, hartas


Está de más sembrar tu semilla en mis palmas

para que el adivinador te nombre de cierto mío

no me importa si un eco tuyo me da la espalda

no puedo anudarte con más de lo que te confío


Está de más que me mires dormir todos los días

y lanzare a tu ombligo durante tardes enteras:

haré de cada hoja en blanco tu albergue de risas

arrendaré en cada sorbo tus comisuras abiertas


Está de más conciliarnos y ser uno en la discordia

tu mágica paz me da la ambición que requiero

para destronar de mi mundo los restos y momias

con quienes por ti he luchado de infinito a cero.


Está de más renegar de nuestro árbol de origen;

te engulliría, así estuvieras plantado entre sales.

Entre los mantras que podrías amar, me eliges:

tenemos nuestras sombras, tronos angelicales.

Imposición

jueves, 16 de junio de 2011

Debo saber qué parte de mí sufre cuando ríes

que agoniza con tus sonoros planes de felicidad

¿Qué parte infecta de mí se puede sobreponer

a la mentira: verte eternamente lejos y a mi lado?

¿Tendré que huir de los años que te atan a mí?

¿Deberé volverme nefastamente inasequible?

¿O mejor una sonriente y cínica obsesiva de ti?

Tomar la píldora idiota de tu surrealismo de hoy;

a la carne podrida que una vez fue tu propiedad

tasajearla en sueños como carnicero envilecido

poseída así por la frivolidad de la ingrata muerte

que me tiene colgada de ti y mirándote en vida

mientras amas, comes, duermes, haces camino

donde no caben mis satíricos ánimos de mártir

ni mis exuberantes hallazgos de poeta en brama

ni las grandezas que ya implanté a la mitad de ti

en el centro donde me llevas vergonzantemente

de donde te nutres y del cual reniegas a carcajadas

Está bien

Por mí que te carcoma la felicidad de la simpleza

que te fundas en la superficialidad del atrio de mar

en el que hoy y nunca serás el rey de mi eternidad

Ya qué

Vete quitando los coágulos sobrantes, reto de vidas

acomódate subrepticiamente en el plano del mortal

vete de grandioso incógnito a pudrir en el verso fácil

Deshazte de todas tus personalidades y quédate blanco

Una página en blanco pintada de rosa, con un corazón

que no simboliza más que tu renuencia a ser humano

a perderte en los estertores del manejo de tu realidad

Ese rosita fresita que, simplificándote, te elimina de ti

rechaza el personaje que, por tus humores, regresará

el día en que más necesites fingir vacuidad de carácter.

Que te acoja el mundo hostil en donde no te protegeré

me agusanaré en el tiempo de lo que fuimos nosotros

sin prestidigitaciones, ni dinero, ni estupefacientes rosas

cuando fuiste tú y yo te vi en tu verde arco de serenidad

cuando me viste, definir, delinear la vida que me desuellas.

Los bohemios

martes, 14 de junio de 2011

Sentada junto a esos hombres que escupen bohemia

Rodeada de seres intestinalmente revolucionarios

Soy como todos, presa de esta errante época propia

De este instante en que nos escenificamos sufrientes

Como nos corresponde en un baño rojo río de tierras

Somos los títeres de la convulsión en las aguas tiernas

Sentados a esperar el amanecer del teatro de sombras

Cada quien anima al de junto con la mirada suplicante

A ser lo que no es uno ni se atrevería ni desearía ser

Porque queremos retorcernos en la piel del otro aún

Leer los diarios cruentos y mortificarnos como santos

Como un escape de la realidad adustamente ordinaria

En la que cada poeta interno se niega a ser descubierto

Por miedo a transgredir la velocidad propia del sueño

Por renuencia a ser liberado de nuestras doradas cuevas

Somos cuervos picando la sensibilidad de los mundos

Aquellos que se aparean en la sombra luminosa de nada

Sentada junto a esos hombres que escupen bohemia

Configuro mi personaje en la claridad de la máquina

Soy caricatura de lo que en cada uno de ellos habita

La programación insensible del medio al que renuncian

Mismo que acogen al hablar incesantemente de sus ritos

Como una realidad inapelable para la cual viven y sufren

Para la cual trabajan siendo personajes unidimensionales

Que clasifican binariamente bajo parámetros de bohemios

Somos la máquina que se descarna en sus propias cuchillas

Hasta que la revolución intestinal se apropie de nosotros

De los ánimos velados que trascienden a dicha carnicidad

De los cubículos fatuos en que nos sentamos a pensarnos

El encumbramiento del quehacer no es nada más que el ser

Se construyen los bohemios en el canto inútil del charlar

Se destruyen los cantos inútiles en el sólo acto de revolver

Así mismo me sentaré donde se encuentren las cuchillas

Determinada a denunciarlas a grito pelado por sus hedores

Decidida a caracterizar la compostura física de sus filos

Encantada de condicionar hoy mi existencia a su perecer

¿Pero entonces por qué las flores en el ataúd del muerto?

¿Por qué no llenar el cajón de gusanos de una buena vez?

Si fuéramos así de prácticos e intelectuales en la muerte,

No seríamos más que unos cuantos kilos de carne pútrida

Caminando por las calles esperando ponernos verdes

Animando al de junto a actuar como espíritu libre de carne

Mientras nos llenamos de gusanos, por si las cochinas dudas

Como una bola de hombres liberados que escupen bohemia

Episodio canino

martes, 7 de junio de 2011

En la junta de los notables, se aprestan a decidir qué va a ser del asistente que no cumplió en transigir en nombre de los atascos ajenos, reverberancias de envidia, ante la que sólo valía preguntar “¿y a qué hora es la salida?”

Hemos cambiado de siglo, señores de la demora, hoy es uno dueño de su maltratada dignidad. Tiene derecho a protegerla aunque no se cuele en el mostrador un trofeo más para la moderna academia. El Rey Midas no podrá convertir un manojo de nervios en varias colaboraciones. Allá que se queme el diablo con los vividores de la injuria. Él pagará el precio de haberse entregado a la causa, ya sea con un millón de insultos o cuarenta puertas cerradas.

Por eso, no se preocupe, señor de los sueños. Aquí nadie se hizo daño, sólo el transitar deshonesto de los que viven del asalto.

Alma gemela

Yo fui una paloma mensajera

con un deseo insano de llevarte

de lujuriarte bien en el camino

y abandonarte a los pies de ella


Yo tengo el sello de tus gracias

confeccioné ternura y carácter

te cerré y ya no puedo franquear

tus ánimos rotos, ella lo sabrá


Yo tuve la caricia de tu destino

en la mano, entre esas tormentas

y me dejé llevar por el aliento

del mundo y su vacuo calcinar


Yo soy la tejedora de tus sueños

que me fueron arrebatados ayer

por la etérea ilusión de un juego

en el que yo ganaba el cosmos.


Te sigo como huella del pasado

no te toco con mi mano tóxica

pasivo testigo de tu luz de luna

y reflejo ámbar de tu paz de sol.


Sólo tú y yo estamos sublimados

en la libertad del distanciamiento

ante la incorruptibilidad amorosa

de nuestro exclusivo manto eterno.


Ya recogerás la calma en sus brazos

ya viviré mi angustia en los de ellos

ya saldaremos las cuentas del mar

y obviaremos el ruido del mundo.


Esperaré a que se pudra la carne

para estar desnuda en alma de ti

que reluzca de una vez el engaño

de tus ganas de volverme sombra

Invencible

martes, 31 de mayo de 2011

He descubierto tu papel en mi vida,

te pillé

Me llevaste al estómago del diablo:

me miré

berreando llamas en tu piel de lija

y salí

un poco seca, con mi propio arcano.


Hoy sé cuál era la trama de tu obra,

no te vi:

me llamé a autoengaño y te arranqué

en la sed

a la que ya mi garganta se acostumbra

no habrá

mas desierto que me aguante los pies.


Te busco hoy en el cofre del desahucio,

ya te sé:

te leo desde la esquina del plácido odio,

aún allá

te ves grácil cual infiel en el desagravio,

aún así

no me llagará las grietas el episodio,

pues tú

me has regalado la falta de asombro.

Ni hablar;

el dominio de mi especie es el infierno

y así

me hiciste reina en el trono del arrojo,

aún así

te llevo en la cabeza: par de cuernos.

Elephant woman

domingo, 29 de mayo de 2011


Tu aliento me sigue como veneno. Tu voz me sigue como veneno. La seda de tu espesa cabellera me sigue como veneno. Las ostensibles variaciones físicas de tu cuerpo me siguen como veneno. Tu perfume me sigue como veneno (el olfato herido es una realidad rojo carmesí; flagelado aleatoriamente en la perfumería, en el paso de alguien, en la aglomeración del metro, en donde sea que aparezca). Tu música me sigue como veneno. Tu nombre me sigue como veneno. Los atardeceres plenos de viento y silbatos de trenes me siguen como veneno. Tus intrincadas calles me siguen como veneno (finalmente son la raíz de mis entrañas). Tus rincones me siguen como veneno. Tus aromas ocultos me siguen como veneno. Tus amados pasajes surreales me siguen como veneno. Tus accesorios cotidianos me siguen como veneno. Tu sublime gastronomía me sigue como veneno. Tus travesías recreativas me siguen como veneno. Tu sello personal me sigue como veneno. Las plantas de tus ajados pies me siguen como veneno. Tu mirada me sigue como veneno. Tu lastimada piel me sigue como veneno. Tus secretas frases me siguen como veneno. Tus parafilias me siguen como veneno. Tus excéntricas casualidades me siguen como veneno. Tu ropa me sigue como veneno. Y lo peor sigue siendo que tus palabras me siguen como El Veneno, devorándolo todo a mi paso, alcanzando las níveas ruedas con las que pretendo huir para siempre de tí...


RoboNINI

viernes, 27 de mayo de 2011

Iba en el micro distanciándome de los sujetos que venían contenidos, una costumbre mía. Cuando no callo las voces con un buen ipod o con la radio, me sustraigo en las letras de un libro, el caso es tomar distancia pero en esta ocasión me fue imposible. A un lado mío, una mujer como de mi edad, hablando por celular. Es difícil saber de qué se habla cuando sólo se escucha un lado de la conversación y generalmente no me interesa, pero esta única voz que se enviaba por microondas a otro lugar venía acompañada de intensos quejidos y sonidos característicos de una nariz llena de mocos tratando de despejarse para respirar. Lloraba y lloraba. Imaginé que era uno de tantos melodramas callejeros que a las parejas les gusta escenificar por vía remota o presencial, pero escuchando con atención, descubrí que las quejas aludían a un examen de selección para maestría y no sé si serán mis prejuicios distorsionando la calidad de mi audición, pero al parecer la maestría a la que aspiraba esta mujer era en Ingeniería.


Total, hay a quien le estresan desmedidamente los exámenes, pero la trama se siguió complicando. “Me empecé a preguntar: si no entro, ¿qué voy a hacer?”, una pregunta completamente normal, siempre hay que tener un Plan B para lo que se emprende. Sin embargo esta era una auténtica angustia acerca del futuro a mediano plazo. De no entrar a la maestría, no le quedaría más que meterse a trabajar por un año, hasta que pueda repetir el examen. Posteriormente relataba que lleva 5 años intentando conseguir un trabajo en su área de interés, sin éxito. Esta parte es en la que a mí, ente X que tuvo la suerte de sentarse junto a ella, se me enchina la piel e inmediatamente empiezo a vibrar en su frecuencia. Resulta que la aspiración a la maestría no era más que un subterfugio para retardar la continuación de una vida, no de desempleo, sino de frustración profesional. Recordé a otro amigo quien, gozando el honor de una maestría en un tema muy “sacalepunta” de la ingeniería avanzada, en varias ocasiones me contó sus penas acerca de la búsqueda incansable de empleo. “Es que aquí no hacen satélites”. Pues no, obviamente, con todo y que el Congreso tuvo a bien crear una agencia espacial –sin presupuesto- y hacerse de los mejores tecnólogos y académicos en la materia para idear un proyecto que para el resto de la sociedad parecía ridícula. Los problemas no paraban ahí para él; haber alcanzado un posgrado le había quitado la oportunidad de hacer experiencia profesional y en la industria, después de los 23 puedes considerarte viejo para empezar.


Esta situación pone todo en perspectiva, ¿a los 23 se acaban las opciones? ¿Tienes qué soplar la velita de tu pastel de cumpleaños con el único deseo de “es ahora o nunca”? ¿Será que para los 25 ya deberías tener un coche, a los 26 comenzar los pagos de una casa y casarte en el intermedio? Si es eso, la chava de junto y yo estamos verdaderamente jodidas, y peor siendo ingenieras, sí ingenier-AS; para la industria es como decir “te mando a este basquetbolista chaparro”. Bueno, no quiero ser tan ingrata como para tildar a la industria de machista, la verdad es que hay una gran cantidad de trabajos en los que somos bien recibidas en las áreas de ventas y administración y además algunos que otros están avanzando en entender que un ingeniero no es un albañil o cargador de algo, para lo que se requieren ciertas virtudes del género masculino. En fin, repasando los casos de mis compañeros y amigos, se cuentan con los dedos de la mano los que están obteniendo su sustento de algo para lo que estudiaron, fuera de los que le tiraron a un posgrado, que se cuecen muy aparte.


Esta chica expresó, en ese trayecto de media hora, todo lo que yo no me puedo decir a mí misma. Me lo sugieren en mala leche en algunas ocasiones, otras veces con legítima preocupación. ¿Qué puedo decir?

a) Ya mero

b) No estés chingando

c) El trabajo no es para mí

d) Me voy de mojada documentada a Europa o Canadá, allá sí valoran a la gente como yo, pero déjame ahorrar.

f) No, si soy feliz trabajando de secretaria bilingüe/traductora/correctora de estilo/[Inserte aquí actividad profesional para amas de casa con deseos de superación económica] con estudios en ingeniería.

g) Me voy a casar con fulanito, el sí tiene futuro, no te preocupes

h) ¿Y tú por qué no te has titulado de tu segunda carrera/jubilado/divorciado de tu marido infiel/comprado una casa/[Insertar aquí metas incumplidas de la otra persona, entre más personales, mejor]?


He optado por i) Relatar largamente los últimos avances obtenidos, por muy pequeños que sean, con mucho detalle, numerosas palabras difíciles de entender y altamente entusiasta, hasta que el interlocutor se abrume/canse/duerma/aburra/desoriente y entonces cambie abruptamente de tema para salir del choro interminable. Posteriormente, en la intimidad de mi soledad, me flagelo, navego empleorapidoparapasantes.com, mando mil currícula, me tiro en el sofá a darme ánimos estilo comercial de coca-cola, juego farmville, me duermo y al día siguiente despierto fresca como la mañana.


Esta chica no ¡Lora en el micro! ¡Expone sus vergüenzas al mundo! ¡Se flagela en público! ¡Qué valor de mujer! Me entraron unas ansias locas por abrazarla, decirle que sí pasa el examen y llorar con ella hasta que el conductor nos corra. Pero seguía hablando por teléfono y al parecer, el interlocutor se estaba fastidiando. Pronto descubrí que era su novio y estaba a punto de mandarla al demonio porque pensaba que la prioridad de ella era su carrera y él pasaba a tercer término. ¡Bueno! ¡Qué manera del universo de restregarme en la jeta todo lo que no me puedo admitir! Huelga decir que me bajé del micro, no quise saber en qué acababa esa historia.


EPÍLOGO

El robot se ha divorciado de sí mismo, una vez más, por eso se permite esta manifestación pública de sus vergüenzas.